Una mirada a los Juegos Olímpicos 2016 en vísperas del golpe

La realidad política que atraviesa nuestro continente americano me llevaron a la necesidad de compartir este breve texto.

Tuve el privilegio de poder asistir a la máxima cita del deporte mundial en ocasión de la cobertura periodística para una gran cadena mediática, con el agregado de que esta vez fue la primera organizada en nuestro querido suelo sudamericano. Los contrastes de un evento de máximo nivel, con exigencias propias de primer mundo y nuestra dolorosa realidad de necesidades insatisfechas y carencias al por mayor son evidentes. Y como parte de esta realidad, Brasil atraviesa una situación particularmente dolorosa: El juicio y destitución de Dilma Rousseff, una operación de grupos de poder que anidan en todo el mundo para torcer la voluntad del pueblo, en este caso el brasilero, aunque muchas veces esa voluntad sea manejada por los mismos grupos del poder, en su rama mediática, política, económica y judicial.

Llegué a Rio de Janeiro una semana antes de la ceremonia inaugural y más allá de los evidentes problemas organizativos, no tuve la oportunidad de ver grandes actos de desaprobación a esta zancadilla a la democracia a no ser algunas manifestaciones antes del inicio de los Juegos y a gente que portaba carteles con el hashtag “#FORATEMER” durante los mismos.

Esto es algo que con diferentes matices, brasileros y argentinos compartimos. Me refiero a la tibia reacción de nuestros pueblos ante el avance de las derechas pro imperialistas. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué grado de responsabilidad tienen nuestros gobiernos nacionales y populares en esta avanzada? ¿Cuánto tiempo llevará sacudirnos la modorra?

Son interrogantes que no tienen una única respuesta. La realidad de nuestro mundo cambia constantemente pero estos movimientos que asemejan a las mareas de los oceanos, con sus flujos y reflujos, se repiten a lo largo de la historia. La mano que maneja los hilos a los que nos tienen sujetos parece ser la misma.

Mientras tanto, unos Juegos Olímpicos a los que no podría calificar como “populares” ya que estaban blindados a la población trabajadora, con sus tribunas raleadas y los precios de una comida bastante mala por las nubes, se desarrollaron y tuvieron un final al que pienso, muchos necesitaban “exitoso” como al agua.

Los Juegos Olímpicos ya no representan el espíritu Olímpico, ese espíritu amateur de juego limpio, competencia leal, de amor al deporte. Las grandes compañías de indumentaria, farmacéutica, del turismo, los negociados inmobiliarios en los que empresarios y gobernantes están metidos hasta el cuello, los grandes medios de comunicación entre otros, son los verdaderos beneficiarios.

Aunque pude ver el sacrificio de muchos atletas, su lucha por superarse a ellos mismos, a sus rivales y a las situaciones adversas que no permiten un desarrollo adecuado, no podría decir que los Juegos Olímpicos  les pertenecen, sería una falacia.

Mientras mis manos escriben este artículo, otras manos están escribiendo nuestra historia, manos que no son las del pueblo que dignifica la tierra en que habitamos. Manos manchadas de sangre con olor a dinero.

Una canción dice que hay una verdadera historia, escrita por los que no triunfan. ¿Existe realmente otra historia?

 

Photo credit: philippryke via Visualhunt.com / CC BY

Maxi Correa

Maxi Correa

Es argentino y trabaja actualmente para la cadena multimedia ESPN. Nacido en la capital de este lejano país y residente en Rio de Janeiro entre 1979 y 1983, tuvo varios trabajos no regulares como ayudante de electricista, basurero, repartidor de libros. Vive con su compañera Sandra y con tres de sus cuatro hijos en Buenos Aires.
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